Divinos brazaletes de titanio, Cachita y Lupita, El Malecón, puré de malanga
Fabelo, el Malévolo Rojo, Mirabal, Pídeme en voz alta
Voy a regresar a La Habana, Cuba, en mi último viaje de diciembre, 2025. Por la Calle Cuba está la joyería de Jorge Gil, quien trabaja titanio como rey, piezas maravillosas, me mandó algunas a México durante la Semana del Arte. Su pareja Giorgia obligó a que las regresara y no me dio chance de venderlas. En frente a la tienda está la Academia de Ciencias, donde una vez llegó Albert Einstein, el físico loco alemán, a decir lo que le dio la gana, porque lo que fuera era importante. Al lado de la Academia está la iglesia de San Francisco el Nuevo, esquina con Amargura, construida entre 1608 y 1663 de frailes franciscanos, arquitectura colonial, restaurada por ellos en 1925 y 1947. Saludé a Cachita y a Lupita, las Vírgenes de la Caridad del Cobre y Guadalupe, Cuba y México. Salimos a las 10:05 am por ahí, a las Artesanías Almacenes San José, compré colibríes de madera pintada, lindísimos pajaritos. De ahí caminando 40 minutos por el majestuoso Malecón al Hotel Melía Vedado, almorcé malanga y omelette, porque por la mañana no comí huevos.
A las 3:30 al salón de belleza, creo se llama Lulú, luego en la noche a la residencia Embajada de Argentina, a cenar con la Embajadora Soledad, cuando regresé volví a El Malecón a caminar para digerir la carne. Me encontré con Luis, muchacho de 25 años recién graduado de guía de turistas, entramos en el Gran Aston, el más nuevo y elegante de La Habana, en el lobby cuadros de Agustín Bejarano y Carlos Quintana. Luis me contó cuento chino de que su mamá tenía cáncer de páncreas, y quería dinero.
Dormí muy bien, desperté tarde, vestida linda y arreglada voy al Museo Cubano (Nacional de Bellas Artes) con Laura Arañó curadora, maravillosa exhibición Médula de Roberto Fabelo, en la galería del patio central del MNBA, recuerdos del pasado obras en papel Kraft que le compre durante una de las estancias del artista en la Ciudad de México. El Rinoceronte rojo dando espalda a su pueblo (claro, el Malévolo), manada de rinocerontes enormes, ¿qué habrá costado el seguro y transporte de obras? Y pinturas de torres en cazuelas. Retratos en gran formato a carboncillo, extrañas, oníricas, fantásticas y simbólicas. “…Al igual que Goya, Fabelo sabe que sus razones producen monstruos…Los rinocerontes aluden a una simbología que refiere la crisis de liderazgo…” (Jorge Antonio Fernández Torres, curador)
Subí a las salas para gozar de los Wifredo Lam, Amelia Peláez, Carlos Enríquez, Antonia Eiriz, gigantes de la pintura moderna cubana. Estoy FELIZ. De ahí a la exposición de Michel Mirabal, Tú no me conoces, también fantástica, en el Centro Luz y Oficios, de la Habana Vieja. Esta, la primera gran muestra del artista en Cuba después de 15 años de estar fuera de la isla natal. Refirió temas del éxodo, violencia, hambre y cubanía curada por Nelson Herrera Ysla y Andrés Isaac. La Virgen de la Caridad, patrona de Cuba, “pídeme en voz alta (para que te oigan todos sin censura), el espejo ¿cómo te ves?, la mesa de ricos y pobres. “…se descubre la elocuencia del chiste y la audacia del comentario crítico en un mismo nivel de desobediencia, de sostenibilidad y de solvencia.... “. Me encantaron ambas expos, La Habana con apagones y basura, pero Cultura y Arte en las nubes.













































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