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Mostrando las entradas de enero, 2021

Para Neruda el mar es torrencial e infinito, para mí el alma y la vida, dedicado a mi amiga de ojos azules Esther Pliego

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Los amigos siempre en el pensamiento y corazón, tiempo líquido. Seguimos con el mar porque lo traigo adentro como una canción después del silencio. Pablo Neruda decía del suyo, el de Chile, el mar tremendo, con barcazas en espera, con torres de espuma blanca y negra, con pescadores litorales educados en la paciencia, el mar natural, torrencial, infinito. No cambia, estoy yendo al mío del Pacífico desde el mes de julio, una y otra vez. Extensiones en la Riviera Diamante desde Pie de la Cuesta hasta la playa Bonfil, caminando horas y meditando, cerrando los ojos, sintiendo el llamado de las olas, su calor y ritmo, su llanto, su gran amor.  Voy tranquila y feliz, escucho, respiro. Observo la elegancia de la garza de plumas blancas pegadas a su cuerpo esbelto, cuello largo y estirado, pico amarillo y patas negras. Camina como para atrás. Los humanos aparecemos en su paisaje; me comunico con ella y ella con la naturaleza, formamos uno, tiempo liquido. La garza no se inmuta. Es su casa esta

El mar siempre regresa; sus montañas saladas se alejan, pero vuelven; abren las cicatrices de la arena; rebosan de infinito los ojos que lo miran, dedicado al pelícano en mi vida

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Poema que me encanta. El mar en mí, es una herida en mi alma, lo siento aquí en el vientre. Miro el mar cuando hace la raya del horizonte y lo escucho. Sus olas como truenos me quieren dar lo verdadero, se llevan la basura, lo que no vale. Viene y va, tiene ritmo, baila. El quiere que lo recuerde, que lo tenga siempre, que no lo deje ir. He sido feliz contigo, te amo mucho, la mer.    El mar regresa siempre  porque siempre está solo;  vuelve a buscar las playas.  Regresa.  Sabe que te hallará  porque los que están solos  saben que alguien está siempre esperándolos.  Es cierto que siempre lo espero, él regresa a mí y yo voy a él. ¿O será la mar? No tiene sexo, es uno y otra. Hermosa, vestida de azul, vienes por mí, me elevas como mujer gigante con brazos abiertos, me abrazas, me cargas, me llevas contigo y adentro. Hasta lo lejos de tu color azul y sabor de sal; siento un rico frío en la piel y sobre los ojos, recuesto mi cabeza en tu brazo de ola. Y nado. Ahora desnuda entro a la mar,