I.Mi tierra de palmeras y nubes como nunca vistas, dedicado al flautista de sombrero de Beuys


Miguel Alejandro un artista de pintura, que cuenta historias y pinta hadas 

Desde las alturas miré los parches de tierra roja tan conocidos, luego los más cuajados, verdes, como naciendo, pujando con alfileritos blancos muy brillantes con copetes verdes en el viento. Aparecieron por la ventanilla las palmeras y nubes de Cuba, las más hermosas que he visto jamás. Llegué al fin a la calle 23 entre 22 y 24 en el Vedado, una casona mostaza;adentro las losetas coloridas y el hall estrecho que pasa entre sala biblioteca, los cuartos uno frente al otro, baño en rosa vibrante, paredes verde tenue con colección de platos antiguos, muebles art nouveau y una pintura magistral de Consuelo Castañeda: el torso herido de San SebastianWe don’t need another hero. Un flautista esperado me da la bienvenida, sus ojos azules bajo el sombrero a la Joseph Beuys.



 

Pronto, con mis anteojos de Tiffany y vestido de San Antonino bordado y deshilado, salimos a la Ciudad bella y majestuosa. Hacia la Calle B, casa donde nací en una lejana madrugada de domingo. Los chinos que actualmente la habitan me dieron permiso para recorrerla por afuerabordeé la Calle Bpalaciega de arquitectura y diseño Maison Jansen, fusión del XVIII francés y extravagancia hollywoodense de los veinte.Aún así la veo ahora en el año 63 de la Revolución. Entrada, escaleras y terrazas de marmol de Carrara; herrería y ventanas de madera en blanco, paredes amarillo pálido. El patio de los sirvientes, atrás, me trajo olores y cuentos de la infancia. Jesús León, el chofer que me nombraba la Princesita de los ojos cafés, narraba sus viajes a Europa con Abuela y Papaonsoel Packard a bordo; también me relató la tragedia del transatlántico SS Morro Castle, incendiado en el mar entre La Habana y Nueva York. Murieron la hermana de Abuela, Caína, mi tía abuelay sus hijos Braulio, Marta y Margarita Saenz Aguilera de 13, 10 y 8 años.


De la Calle B seguí a la Calle G, casa de mi abuelo Luis Menocal, construida hace un siglo exactamente por los arquitectos Leonardo y Luis Morales. ¡Qué sorpresa verla recién restaurada, bellísimaestilo ecléctico Beaux Arts. Es centro de reunión para miembros de Partido único en Cuba. Durante mi estancia visité a algunos artistas, Yoao Hojas Rodríguez, joven sobrino de René Francisco; me gustó su obra fresca, orgánica de formas amorfas y colores desde el cartujo eléctrico al negro con gris y turquesa. Compré una pieza de paleta oscura, fondo de bosque de noche con insectos que aparecen en pinceladas. De Yoao seguí con Miguel Alejandro, pintor que investiga y cuenta historias creíbles como si fueran películas, esencia y apariencia en paralelo. Comparte taller con otros dos artistas, Antoine  y Yunel Francisco Cruz, con los que lleva 4 años desarrollando un proyecto espectacular de animación donde el hada de la foresta se convierte en sirena dentro de pinturas originales.


 


Era el día de la Guadalupe, 12 de diciembre, cuando tomamos daiquiris y comimos malangas fritas; caminamos por La Habana Vieja, se ve abandonada sin Eusebio Leal, su gigante Historiador como jamás habrá otro. La cabeza pensante de Cuba, Leal, se fue. La Droguería Johnson de mi abuelo en Obispo y Aguiar cerrada, muy olvidada de su gloria sin ventanas, habitada por fantasmas. En nota más alegre fuimos a cenar a la Corte del Príncipe en Playa, comida inolvidable, ensalada de pulpo y espaguetis aglio e olio.Después  la noche fue de ensueño, escuché al flautista vestido de mar. A la mañana siguiente fuimos a ver a Donis Lago y Lidzie Alvisa, artistas fantásticos y amigos muy queridoscompré dos dibujos de crochet de ella y recogí obra de él, motivo de mi viaje a Cuba. De ahí a Los Antojos, en cuya entrada dice ¿Tu quieres una croquetica? y los cascos de guayaba con queso de crema son Divinos. Después a ver al artista Frank Martínez, también amigo, obra magnífica en especial el Tiburón con las once libélulas, intelectuales cubanos lanzan un manifiesto contra el régimen.

 

En este país la gente está desesperada, no hay comida y todo son colas. Desde la llamada reordenación económica, la inflación no deja vivir al pueblo, los de arriba no se han enterado aún.




 

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