II. Reordenamiento económico, imposible vivir sin dólares, la gente desesperada, dedicado al pueblo que sufre

 

Varadero de colores luminosos, pero en la calle el cartón de huevos subió de 33 pesos a 600 

La gente en Cuba está desesperada. Se les ocurrió al gobierno, en pleno problema de Covid y sin turismo, hacer un reordenamiento económico. Hubo una inflación tal que aumentaron tres veces los salarios pero el precio de los productos en la calle aumentó de 9 a 12 veces. Junto con eso vino otra idea brillante, ahora todos los productos se venden en dólares, el que no tenga dólares no puede comprar. El precio en la calle de un dólar subió de 24 pesos a 75, además no hay donde comprar los dólares porque al no haber turistas no entran los dólares. “Esto ha sido una locura”, comentan por doquier. “Si yo voy al banco con dólares el banco me los paga a 24 pesos, pero si voy al bar me pagan el dólar a 75…Con 400 dólares recibo 30,000 pesos cubanos, pero después la pintura me vale 5000 pesos, el pintor me cobra 1000 por pintar un pedazo de la casa; la cama que compré costó 39,000 pesos y no es ni una antigüedad; la libra de tomate cuesta ahora 160 pesos, una cosa que costaba 25 pesos; el cartón de huevos de 33 pesos a 600 ahora. Si no tienes dólares no puedes vivir aquí. Es imposible”. Pobres cubanos, y los de arriba no tienen ni idea de lo que sufre el pueblo, ni les importa. 

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Varadero con un clima maravilloso y mar de colores, transparente, verde claro, verde esmeralda, turquesa, azul cielo, azul oscuro. Me tiré a las olas frente al Villa Arenas Blancas en fraccionamiento Dupont, terreno donde antes estaba la casa de Papaonso; esa casa premio de arquitectura, casa de mi infancia que el gobierno demolió en 1993. Recordé la lancha El Ninucha, esquiábamos de Dupont a Kawama, a la otra residencia de playa de Papaluis Menocal. Recordé las madrugadas en las que Jacinto el marinero salía en su barquito a la mar con carnada, la amarrada a la campana del jardín. De madrugada sonaba la campana, ¡picó el tiburón! Salíamos mis hermanos y primos, a la arena de terciopelo con Jacinto, a jalar y jalar y traer al tiburón que peleó como toro o Cabeza de Batea, con sus 3,000 dientes abrió la boca. Abrimos su estómago y no había nada, siempre pensábamos en aquel libro de la Droguería Johnson que estaba en el Museo de Matanzas, había aparecido en estomago de una cornuda gigante (tiburón martillo). Infancia dorada, privilegiada, tuve tanta suerte. 

 
Una pareja de jóvenes ahora nos ofrecen popcorn. Camino por la playa, blanca, blanca, qué hermosa es; el agua está tibia, el sol brilla, las nubes de Cuba son las mejores. Almuerzo langosta y tomo piña colada, unos chicos de ojos verdes sirven la paella, Juan Luis me dice que esos son los malos, los que van a La Habana a apedrear a los artistas, a Luis Manuel Otero Alcántara. El gobierno chantajea a los que trabajan en desarrollos turísticos, a esos muchachos que me parecieron tan amables, los obliga a gritar consignas contra los libertadores y opositores. Puros rusos y canadienses en la playa, un Cadillac rosa en la entrada, el castillo redondo de piedra, del Quijote y Sancho afuera del nuevo Hotel Internacional, recuerdos de mi infancia. Jesús León lanzándose fuera de la maquina (coche) y dejándonos sin piloto, gritos, susurros y risas en la loma. Voy a Kawama a ver la casa de Papaluis, está pintada de gris triste, no hay árboles ni flores en la entrada, ni arbustos, ni patos, ni luces. No hay muelle frente a la casa donde pescábamos cangrejos. 

 

  

Estamos en un lugar lejano, pasamos la casa Dupont y el resort Playa Vista Azul está casi al final de la península de Varadero. El mar siempre el mar, aquí hay rocas en la costa y extensiones de arena blanca, y así sucesivamente…no es la arena sin fin, ilimitada de mi infancia, pero hermosa de cualquier forma. Voy al spa, masajes maravillosos, daiquiris y champaña, leo poesía de José Martí y termino el libro Lady Di de Jennifer Clement, poético en su melancolía, veraz en su terror. Oigo música y salgo a otra playa, la luna llena siempre conmigo, con nosotros. Arena de terciopelo fino tiembla bajo nuestros pies de uñas verdes caribeñas, paisaje de rocas y mar oscuro. Anoche soñé que estaba en una casa palaciega donde había una fiesta, tenía zapatos y bolsa robados y preciosos, color café-dorado. Todo era grandioso pero yo estaba cansada, quizás porque en Cuba la gente está desesperada.


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