El Caballero Juan Manuel llegaba y todos corrían a atenderlo
PapaLuis desheredó a mi papá
Dos.
No podría ser más hermosa la casona de la Calle G, en El Vedado, proyecto de Morales y Compañía Arquitectos, realizado en 1921, cuando mi papá tendría 4 años. Escaleras anchas de mármol blanco de Carrara hacia la entrada principal. Terraza, arcos con columnas y boisserie, copas de mármol entre columnas, vasijas en el primer descanso. En la entrada lateral de los coches, recibía a los invitados un techo de Tiffany’s. Colores preciosos y pequeñas escaleras de mármol blanco de Carrara. Las iniciales LM, Luis Menocal, en la puerta de entrada. Vitral enorme tras las escaleras principales, que eran dobles, por cuyos barandales mi papá se deslizaba gritando “¡Whoops!”. De todo eso me voy acordando. Del cuarto de Tony Mendoza mi primo que estaba en la planta baja, de unos sándwiches de queso y mermelada de fresa, en plancha, que nos hacía el cocinero, aunque no recuerdo su nombre.
Cuando llegaba el Caballero Juan Manuel todo el mundo corría, era el hermano mayor de PapaLuis, quien lo había criado a falta del papá de ambos, el que los españoles tiraron en un pozo. Juan Manuel Menocal y Fernández de Castro era coronel y abogado matancero que participó en las luchas independentistas de Cuba. En 1898 lo juzgaron porque un Coronel bajo su mando traicionó a los rebeldes, entonces lo desterraron a Camagüey, pero solo cumplió tres meses de arresto. Luego tuvo varios cargos importantes, durante la República presidió la Corte Provincial de Matanzas y la Sala Judicial de La Habana, secretario de Justicia en 1902 y magistrado de la Corte Suprema de Justicia, después.
PapaLuis prefería a Conchita de todos sus nietos. Una de las hijas de tía Conchita y tío Miguel G. De Mendoza que vivían en la Calle G. Según supe los González de Mendoza eran demasiado elegantes para trabajar, así que tío Miguel se dedicaba a jugar Golf en el Country Club y a ir a las regatas del Havana Yacht Club. PapaLuis mantenía a toda la familia de 5 hijos, más las nanas. Además de abogado, era ganadero. Propietario de Yarigüa, en Manatí, Oriente, finca de mi infancia, donde yo montaba a Ligero, mi caballo, a pelo con los hijos de campesinos; donde comprendí que ser salvaje era ideal, que había que tirarse al río agarrados de la liana de un árbol, como así lo hacíamos; donde nadie nos cuidaba porque a nadie le importaba buscarnos; donde en las tardes se rezaba el rosario alrededor de una fogata; donde Tony mi primo le daba mis pollitos al Rottweiler Bruno, que se los comía. También en Yarigüa aprendí a ordeñar las vacas y sufrí mucho con los gritos de los cerdos cuando los destazaban a cuchillazos.
PapaLuis, Luis Menocal Fernández de Castro, era presidente de la Asociación de Criadores de Ganado de Cuba y se ganaba los primeros premios en las ferias ganaderas de Rancho Boyeros. Tenía propiedades por toda La Habana, y un teatro, era calvo y gordo y se peleaba con Mami todo el tiempo. Él nunca estuvo de acuerdo en que Papi, su único hijo, se casara con la frívola y malcriada heredera de la Droguería Johnson, él quería una fortuna ganadera. Pero no se le hizo, y tan tranquilo desheredó a mi papá. PapaLuis, cuando veía a sus nietos, nos soltaba billetes de 5 pesos, que eran iguales a 5 dólares, nosotros creíamos que era tremendo millo nario.




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