Debajo de un ataúd a los dos años, yo
La colección de platos en el Palacio de los Capitanes Generales
Uno.
El primer recuerdo. Estoy debajo del ataúd de mi bisabuela, Doña María Concepción Fernández de Castro y Apeztegui. Veía zapatos de hombre de cuero bien limpios y brillantes, a mi alrededor. ¿Cómo llegué ahí? Tendría no más de dos años. Lo cierto es que María Concepción había nacido en 1842, en Matanzas, Cuba, proveniente de familia emigrada desde Santo Domingo, a raíz del Tratado de Basilea en 1740 (1). Era hija del teniente coronel del Ejército Español Narciso Fernández de Castro, oriundo de Santo Domingo y de Luisa Ceferina Apeztegui, madrileña. Se casó con Juan Francisco García Menocal y Larrieu, mi tatarabuelo, de familia santanderina asentada en La Habana a fines del siglo XVII, quien había nacido en Ceiba Mocha en 1842. Ambos, María Concepción y Juan Francisco, fueron padres de 9 hijos. Entre ellos mi abuelo Papaluis, o Papo, o Luis Narciso Menocal Fernández de Castro. Parece que ya se había quitado el “García-Menocal”, es decir el García.
Mi tatarabuela María Concepción, de quien hablo, vivía en la casa de al lado de la “Calle G”, esta última, casa de Papaluis, Papo. Eran casas gemelas de techos de ladrillos verdes, Premio de Arquitectura la de Papo, de los famosos arquitectos de la época, Govantes y Cabarrocas. Pero no es seguro, se dice también que las construcciones fueron proyecto de 1921, de la agencia Morales y Compañía, Arquitectos. Estaban exactamente en Avenida de los Presidentes o Calle G N.º 204 e/21 y 23, y en la casa medianera, a la derecha murió mi tatarabuela, y yo escondida bajo su ataúd, en 1947.
Según dicen algunos, las casas fueron construidas por el suegro de Papa Luis, Carlos Nadal Benítez. Creo que sería la de la derecha. La de la izquierda la mandó a hacer Papa Luis cuando se casó con mi abuela, la dulce Alicia Nadal Marill. Esa casa lleva en las puertas principales las iniciales LM, Luis Menocal, como se llamaron Papa Luis y mi papá, Luis Narciso Menocal, y como se llama Luis Francisco Menocal Johnson, mi hermano. Y mi sobrino, Luis Menocal Martínez del Campo, hijo de Carlos Menocal Johnson.
(1) Guerra de la Convención entre España y la República Francesa. España cedió la parte oriental de la isla de Santo Domingo a Francia a cambio de la restitución de territorios ocupados en la Península Ibérica.
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Así empieza la novela que quiero escribir pero que seguramente nunca haré. Yo debajo del ataúd de mi bisabuela paterna. La casa de al lado de la Calle G, se cruzaba por la puerta a la derecha del patio de servicio. No, no conocía esa casa de los Nadal, jamás entré. Después, con la Revolución, se convirtió en escuela de periodismo, mientras que la Calle G, casa de mi abuelo Papo y de mi papá, era casa de protocolo del Partido Comunista. Antes, antes del Malévolo, íbamos a la Calle G a comer los domingos, con el Caballero Juan Manuel, hermano mayor de Papo, quien lo crío después de que los españoles mataron al padre de ambos, mi bisabuelo, y lo tiraron en un pozo. En el comedor de la Calle G, arriba de los ventanales, estaban los platos, colección de platos antiguos.
Años más tarde, en mi primera visita a Cuba después del exilio, volví a ver los platos, en El Palacio de los Capitanes Generales, Plaza de Armas, Habana Vieja. Este edificio barroco (1776-1792) exhibía salas con historia colonial, mobiliario y arte. Ahí los platos. Quizás por ellos es que yo colecciono platos, los compro en todas las ciudades a las que viajó, en los museos o en las calles, tiendas de por ahí. Los exhibo en mi cocina de casa Alpes, y en la cocina de mi departamento airbnb de la colonia Juárez.

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