A pesar de Cuba y del tráfico, la Semana del Arte, Salón Acme ineludible
Juana Martínez, agricultora sin estudios, artista loca de la naturaleza
Lo de Cuba es un desastre, una catástrofe, tristeza profunda, no hay transporte público por falta de petróleo. Los almendrones sí son privados, taxis que compran en dólares, que triplican los precios. La Universidad de La Habana, todas, ahora cierran durante un mes; por suerte los museos abrirán los fines de semana. La gente muy deprimida, pobres cubanos, aislados en una especie de pandemia, encerrados en casa como si estuviesen en prisión. Así las cosas. Por eso hoy voy a narrar algo positivo, algo hermoso de colores: La Semana del Arte en la Ciudad de México. Todo empezó el lunes pasado en el Museo Jumex, sociales, a saludar a los amigos y a conocer a otros. Eugenio López llegó triunfante con Carolina de Mónaco, princesa que alguna vez fue alta de estatura y hermosa de rostro, ya no…pero Eugenio sí, siempre guapo vestido en gris claro, hasta los zapatos, camisa blanca.
Ahí con impulsores de cultura, La Chacha Serna y sus hijas Gaby y Luisa, todas vestidas de Chanel, suertudas e inteligentes, gen de familia; Lupe Artigas con especie de corbata tricolor; Alejandra Funtanet y Zelika García, las más guapas; Aimée Labarrere, Viviana Kuri y Rodrigo Peñafiel discutiendo sobre tendencias nuevas.
Christie’s en la noche, El Estoril como todos los años. Gaby Lobo, anfitriona en color rosa, apretado, y zapatos de tacón rojo, bizarro atuendo, pero en el arte todo se vale. Mundo de gente, Armando Colina, el soltero más codiciado de México, con Flor Garduño, la gran, gran fotógrafa. Tere Campero, promotora cultural, así como también los Heyman, Tim y Malú. Los coleccionistas Ana Lucia de Teresa, Boris Hirmas y Rocío, Andrés Blaisten, Marisa Madero, Alejandra Cue, Mariasu Aramburuzavala, el arquitecto y galerista Felipe Leal, a quien siempre agradezco porque no se pierde mis blogs; y el Patrón, Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, Puebla, con Juan su esposo joven y encantador.
Bueno, eso fueron los agotadores “sociales”. Siguieron los días profesionales, para mí, en Salón Acme, feria de arte contemporáneo frente a Gobernación en Bucareli, con la propuesta innovadora, auténtica de Juana Martínez, artista autodidacta de Michoacán…Salón Acme, en su casona que parece que si tiembla la tierra se va a caer, es muy diferente a las siempre iguales y tradicionales ferias Zona Maco o Material. Acme ineludible, siempre lleno de gente al tope, gente bonita hablando idiomas, hasta ruso, que lo comprendo un poco por estudiarlo todos los días en Duolingo, gente disfrazada por eso de que moda, inventos y arte es lo mismo, gente con ganas de comprar, mirar, ser vista, hablar, alabar a la Ciudad de México a pesar del tráfico. Gente a todas horas sin parar, mi staff y yo de pie, yo que tengo artrosis no sé cómo aguanté. La adrenalina de vender y vender.
La artista JUANA, estuvo con nosotros solo un día, ella es agricultora de los bosques montañosos de Michoacán, además de hacer arte con locura inusual, es mamá de un burro, varias gallinas y sus polluelos, perros y conejos. Hace años llegó a la Ciudad de México, traída por los Evangélicos, gracias a Dios que los despachó, se fue de nana de dos hermosas chiquitas en un Penthouse de Las Lomas de Chapultepec. Ahí entendió su destino, “cuando supe quién era, supe que hacer”, dice orgullosa la artista cuyas pinturas son collages de pedacito por pedacito de papel de revistas, reciclado, que encontró en la basura. Paisajes interiores de títulos que le vienen desde arriba, arte improbable del alma abismal, locura de la naturaleza, fuego, noche y día, romance del reencuentro. Juana es un fenómeno, artista que no estudió, artista con un don maravilloso, irrepetible.

























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