VII. La Habana Los cubanos sin salida, pollos sin congelar, historia de Cuba


Arrebato de Toirac, maticas de Martí, Aquiles y Homero en su taller 

Seguimos con La Habana en diciembre del 2025, fueron días hermosos de sol y cielo azul, clima delicioso. Sin embargo, sin salida para hombres y mujeres que hubieran soñado en un futuro mejor. Obama era la esperanza, pero no, no fue el destino. Con Trompoloco y ese régimen cubano de Malévolos, nada es bueno. En las calles de La Habana profunda hombres y mujeres parecen zombis, sin luz en los ojos, confundidos y distantes, como si no fueran cubanos…Muchos tienen hambre, muchos están sin trabajo, ni medicinas, ni gas. Y los que poseen refrigerador, de nada sirve. El otro día le llegó a mi amigo una canasta de pollos, del extranjero. ¡Comida! Se van a pudrir, la nevera no funciona sin electricidad. Le dije a mi amigo: Mejor vende los pollos enseguida. Así las cosas, en mi Isla. Con excepciones, el arte y la cultura se salen de la deformación, brillan por su excelencia, son valores universales, tanto en Cuba como en China. Gracias a Dios. 



Pues me dio por pasear por Miramar, mirando las casas de la Quinta Avenida, pensé en los antiguos dueños, ¿dónde estarán? ¿Algún día regresarán a reclamar? Ahora se han convertido en embajadas o comercios como salones de belleza, restaurantes. Luego Reny Martínez, historiador, me iba contando de las familias que, en tiempos más felices, las habitaron. Pero ya era la hora de los artistas, nos fuimos a ver a Toirac, José Ángel Toirac, quien, por supuesto estudió en San Alejandro y en el ISA, instituciones que mencioné en el blog anterior. En su taller de Centro Habana, se apasiona. Nos muestra el homenaje a José Martí a través de las plantas, o “maticas”, como dicen los cubanos. Maticas que coleccionaba el poeta, pensador y organizador de la guerra de Independencia de Cuba. Toirac nos contó sobre el Diario de Martí, escrito durante los dos meses que estuvo en la Patria, sobre su pleito con Antonio Maceo, el Titán de Bronce, y luego la reconciliación entre él, Máximo Gómez, “El Generalísimo”, y Maceo, los tres líderes fundamentales de la Guerra de Independencia. ¡Yo no sé nada de historia de Cuba!, me encantó oír a Toirac, su arrebato. 




Las imágenes del “jardín botánico”, por nombrarlo así, porque no es un jardín botánico, se mostraron en el aniversario sagrado de la muerte de Martí, en el Memorial, torre estrellada de marmol blanco, José Martí, icónico del Vedado. Explicó Toirac que hizo un homenaje en el sentido de la gran obra literaria martiana, la última y más poética, su Diario de Campaña. Martí regresaba de Nueva York, después de muchos años de exilio, se deslumbra con la naturaleza, el edén de Oriente. Estaba extasiado y, para él, el mundo vegetal era modelo para la República que quería, cada parte es parte del todo. Se podía seguir el estado de ánimo de Martí cuantificando las plantas que él menciona cada día. El día que él estaba bravo, no mencionaba las plantas, si estaba contento hacía inventario de veintipico. 



Cada plantica que dibuja Toirac es una planta seca, muerta, que forma parte del armario de todas las que Martí menciona. Tomó como referencia el mundo de la botánica, pero hay una diferencia importante en sus obras. Cada pieza de la instalación ya no es una ilustración, es una naturaleza muerta, aclara el artista. Es como si la planta está ahí y yo la copio del natural, que parezca 3D, con la sombrita que proyecta. Habla quedito, suave, un gran profesor, delicado y sensible. 



Luego miramos alrededor del estudio de José Ángel Toirac, colección de figuras de la Virgen de La Caridad del Cobre, y al lado retratos de Fidel el Malévolo y del Ché el Asesino, los apodos los puse yo, no Toirac, aclaro. Los arquetipos son personas que han tenido una vida sacrificada, ahí caben desde Sócrates, Jesucristo, hasta el Ché, según explica el artista. El Che sería Aquiles y Fidel, Ulises, rey de una Isla, si nos situamos en la Edad Clásica. Uno con destino corto, sacrificado por la gloria, el otro un destino largo, de quien prefiere vivir y disfrutar de la gloria (en vez de morir por la gloria). Me funcionan así en mi obra, es como si yo fuera Homero y mis personajes fueran Aquiles y Ulises.



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