Recuerdos de Madrid, marzo 2026, vuelta a Carabanchel
La última mambisa cubana, mi prima Ofelia Brito Menocal
A Dayana Trigo la conocí en Levril, espacio independiente que fundaron en La Habana un grupo de amigos y artistas recién graduados del ISA (Instituto Superior de Arte): Joaquín Cabrera Lisa, Leonardo Luis Roque, Víctor Piverno, Jorge Pablo Lima y la misma Dayana. Levril era la casa de ellos, estudio y espacio expositivo, un lugar para desarrollar proyectos individuales y colectivos. Junto a Elvia Rosa Castro, curadora y amiga, me aparecí por ahí un día. Miré la instalación de dibujo Entre una habitación deshabitada y otra, desde entonces mantuve el contacto con Dayana y, más adelante, la obra fue incluida en Ram, Rom, Rum, un proyecto colateral de la XII Bienal de La Habana, 2017, donde fue adquirida por Annette Seagrave, coleccionista y filántropa de Colorado Springs. ¡Qué tiempos hermosos aquellos! Qué viaje más divertido a Cuba con Prudencio López y Mercedes Sánchez Navarro, Paola Prom y Antonio Chedraui, Marusa Gutiérrez y Toño Suárez, Manolo Arango, Joel Rocha, Chacha y Clemente Serna, Lety y Mariana Candiani, Cristina Alcayaga y Romárico Arroyo.
Se nos inundaron los cuartos del Melía Cohiba Vedado, el agua entraba por las paredes bajo ventanas, a nadie le importó. Visitamos a los artistas en sus talleres, compramos sus obras, comimos riquísimo en los paladares y restaurantes, visitamos La Habana Vieja de mano del inolvidable Eusebio Leal, Historiador de la ciudad y gran señor.
Vuelvo con mi artista Dayana Trigo, mujer hermosa, joven, con piezas que vi en el estudio de Carabanchel, Madrid, parten de un elemento que existe dentro del violín y la viola: una muy pequeña columna de madera llamada alma. Aunque casi no se ve, es la que conecta la caja de resonancia y regula la vibración, el tono y el carácter del instrumento.
Dayana traslada esa alma a la ciudad mediante intervenciones realizadas en La Habana, Ciudad de México, Roma y Madrid. El proceso termina en obras compuestas por partituras circulares, conocidas por no tener principio ni final y por interpretarse en bucle. Están realizadas sobre madera con cientos, y en algunos casos miles, de almas de violín, en diálogo con fotografías de las intervenciones realizadas en cada ciudad. De alguna manera, estas obras proponen entender la ciudad como una gran caja de resonancia a la que damos cosas y que, en nuestros recorridos por ella, siempre nos devuelve otras. Parece complicado pero el resultado es muy preciosa pieza.
Otro día me encontré con mi prima Ofelia Schuder Menocal, marquesa de Arcicóllar, en un restaurantito frente al Reina Sofía, bueno no es mi prima, más bien mi sobrina. Ofelia es hija de Ofelita Brito Menocal, “la última mambisa cubana” quien salvó a muchos patriotas sacándoles de la isla a tiempo, ella trabajaba como secretaria y traductora en la embajada de Francia en Cuba. Vivían en la casona de la calle 25 en el Vedado, la que se entra por un túnel y es actualmente Palacio de Matrimonios, con el padrastro de Ofelita chica, llamado Montgrelet.
A Ofelia grande la detienen en 1973, la acusan de preparar atentado contra Fidel, la envían a cárcel de mujeres. Montgrelet hizo que la embajada de Francia interviniera, Ofelia salió, pero al destierro, fue directo de la cárcel al aeropuerto donde se encontró con esposo e hija de 13 años, no la dejaron volver a su casa, entregó el palacio victoriano del Vedado a los malévolos. El resto es historia feliz, las Ofelias siguieron con su labor anticastrista en Madrid, ayudando a todos y todas los que llegaban huyendo del comunismo. El escritor y periodista cubano William Navarrete entrevistó a Ofelita Schuder Menocal en CubaNet en mayo de 2022, “Creo que mi madre fue la última mambisa cubana”, vale mucho la pena este texto.








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