Las regias y yo en Acapulco, casa de Liliana Melo de Sada


La Catedral, Tere, Wagner y Ofelia, tulipanes, Juana en Salón Acme 

A principio de año en Acapulco gocé de las puestas de sol color naranja brillante, de un mar que lo cura todo, amigas indispensables muy queridas, mesas puestas para vivir bonito. El mar. Antes de dormir los pájaros en cables de luz, cientos, quizás miles. La Luna llena un farol en el cielo. Uyyy, belleza total. Con Yolanda Santos en Tres Vidas bajo una palapa, brisa de la noche. El mar a lo lejos, Maye Rangel, Maya Pérez Maldonado, Liliana Melo de Sada y yo. Luego caminatas de todos los días en Playa Diamante, el edificio Dubai. Caballos en la orilla, el potro dorado, anidación de tortugas marinas, recuerdos de la infancia en Varadero, tortuguitas en el arenal de casa, corren por la arena, hacia el mar, hacia el mar. Los Playa Mar con sombrillas limpias, unos niños juegan paddle, garzas que no se inmutan. Vamos por donde tuvo su casa Melchor Perrusquia, donde se encontró con la muerte, dama de negro. Futbol y castillos en la arena, canchas, nalgas al aire, a nadie le importa. Vendedora de salvavidas, caballo que me recuerda a mi Ligero, de la finca de Yarigüá, mis amigas las Regias y yo. 






Avioncito y vela al aire, elegancia de la garza, corazón para siempre, vuela, vuela. En la alberca de Las Brisas oímos música clásica, Juanito el chef nos prepara delicias, van pasando días divinos. Tere Madero nos invita a su casa, champagne y rosca de reyes, cae la tarde entre nubes naranjas. Otro día de mar, arena y playa, garzas tranquilas. Liliana vestida de rojo y sombrero rojo, vajillas artesanales pintadas a mano, seguimos dentro de olas, escucho a Wagner, die Walküre, llega Ofelia con sus vasijas obras de arte, ceviches que pide Lizzie Barrera, enamorada de Julio Iglesias, el rumor fulminante de las olas, otro atardecer con rayos al cielo, Juanito y yo nos vamos a la Catedral, Acapulco Viejo, mosaicos azules y dorados. La Quebrada, recuerdos de antes, cuando llevaba a mis tres hijas chiquitas. La Costera. Voy a ver a Esther Pliego de Salinas, su amor por Acapulco. 


 






Regreso a México, encuentro la ciudad más expandida que nunca, desde el cielo no termina. Las amigas, nos juntamos, el Grupo de Doce ahora es de Nueve, perdimos a Marie Thérèse, Doris y Mónica. Íbamos a invitar a Marusa, pero también se nos fue. Emilio Gamboa me invita a ver su colección de arte, Wifredo Lam, Tomás Sánchez maravillosos y otro más que parece Sorolla, aunque no, no recuerdo al autor. Luego vino Viviana Corcuera a comer con unos argentinos que me mandó Rosie Smith, tampoco sé sus nombres ahora. ¡Qué desastre la memoria! Después llegó una amiga inglesa de Alina, puro name-dropping. Clase de literatura en casa de Rosi Guerra, sobre las mujeres pescadoras de Seúl, Corea. Muy lindo mantel con servilletas iguales. Enrique Miranda mando tulipanes preciosos para la comida en honor a Alejandro Gertz Manero que se iba a Londres. 







 

 









Betsabée Romero en el Club de Industriales, obras maravillosas como siempre. Ella en blanco y negro, muy bonita. En casa de Cristina Alcayaga, libro Mentideros de la Memoria de Gonzalo Celorio. La clase a cargo de la brillante Tere Ponce entre limones amarillos. Vajilla y servilletas preciosas y la comida que hizo Emilia Rocha, mi hija. Finalmente, Salón Acme con la artista Juana Martínez, campesina de las montañas de Michoacán, éxito total, papel reciclado cortado y pegado uno por uno, técnica de ella.





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