Delirante espectáculo de Pedro y el Lobo en una Isla que se hunde

 

Cuba surrealista, mansión que fuera de Ramón Crusellas, rey del jabón 

No hay noticias nuevas sobre la supuesta “transición” en Cuba, es decir, el cambio de régimen, salvo que el Papa León XIV está en conversaciones con el tal Bruno Rodríguez Parrilla (Bruno, nombre de perro), Ministro de Relaciones Exteriores. Mientras tanto los Malévolos siguen en sus puestos gozando, el pueblo sigue sufriendo hambre y apagones. Así las cosas. Pues yo retomaré mis reportes de La Habana en diciembre de 2025, cuando último estuve ahí. Era domingo y fuimos a misa en la iglesia de Línea, en El Vedado, donde iba siempre Fichú Menocal, prima de Papi y muy querida, mamá de Juan Luis Morales. La ceremonia me gustó mucho, la música y cantos. De ahí a ver a Yornel Martínez, me regaló una obrita postal intervenida, amigo de muchos años, fue mi profesor de yoga cuando me quedaba en el fantástico hotel Riviera, el de esculturas de Rita Longa. Yornel me dijo que “en tiempos como estos es muy bienvenida tu visita”, le di las gracias. Su taller está en el antiguo palacio de Las Ursulinas, estilo neomudéjar con fachada morisca, arcos de herradura, celosías y azulejos, aunque está ahora en ruinas, al rato se cae. Dos obras de Yornel, Censura y Fronteras, minimalistas, me parecieron que podrían gustarle a Aimée Servitje. No sé si se las mandé. 



 




Después a Santos Suárez a ver a Frank Martínez, llegamos temprano, así que vuelta por El Cerro, barrio que en el Siglo XIX tuvo su gloria, después ya no. Recordé que de chiquita fui a una fiesta ahí, no entendí qué hacía en un reparto de gente pobre. ¡Que mal, Nina! Frank nos enseñó sus pinturas de hielo y cocodrilo, símbolo de Cuba estancada. Nos dijo “estoy bien en mi país, trabajando”. 





Luego al fabuloso restaurante Iván y Justo, preferido del desaparecido Historiador de la Ciudad, mi tan querido Eusebio Leal. Nos sentamos en su mesa. Comimos muy bien, yo dos entrantes, malanga con pollo (por supuesto) y tacos, cascos de guayaba. Delicioso todo. A las 4:45 por Reny Martínez, con él al Teatro donde está el mural de Portocarrero. Ballet Mozart Piano Concerto No.21 en C mayor, divino, y Pedro y El Lobo de Sergei Prokofiev, con 7 personajes, el Pajarito (flauta); el Pato (oboe); el Gato (clarinete); el Abuelo (fagot); el Lobo (corno francés; los Cazadores (timbales) y el Niño Pedro (instrumentos de cuerda). Bueno, maravilloso, cien personas en el escenario con vestidos espectaculares, delirante en la isla muerta de hambre que se hunde en el Caribe. 



A la playa con Glenda León, Santa María del Mar, a 30 minutos de La Habana. Caminamos en la arena color blanca, ligera, maravillosa, tomamos coco y comimos coco. Regresamos, todavía con agua de mar en la piel, a comer a Vista Mar, tacos de cerdo que me cayeron muy mal, seguro por la grasa. Siesta sintiéndome mal. Al día siguiente nos invitó a cenar la Embajadora de Argentina, Soledad Capone Huizenga, guapa e inteligente mujer, en su Palacete renacentista de las amplias avenidas del antiguo Country Club, ahora Cubanacán. Había pertenecido a Ramón Crusellas Faura, dueño de una fábrica de jabones, cuyos padres habían llegado de Barcelona a hacer fortuna en la isla. Residencia espectacular, con balcones volados de hierro y verjas artísticas estilo abolengo español. El hall de entrada quita el aliento con bóveda magníficamente ornamentada, la sala con pisos de mármol en diseños que le encantarían a nuestro Arquitecto Jorge Loyzaga y así toda la mansión …luego el jardín y las palmas, la brisa de una noche mágica. No faltaron las empanadas de carne y la carne que llegó de Argentina. Cuba surrealista.












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