La Habana V. Que todo sea como antes del ’59, libertad para Cuba
Cinco centavos en el cine y actores en escenario, gracias a los artistas, William, Roger y Lázaro, me encantó verlos
Pues se decía que en Cuba había antes de 1959 (la perversa Revolución) y después de 1959. Pero ahora es antes del 3 de enero 2026 (la invasión de Venezuela) y después del 3 de enero 2026. No sé lo que sigue para Cuba, pero no puedo más que desearle lo mejor a los cubanos, al pueblo, los artistas, curadores, músicos, bailarines, cantantes. Nada deseo al Malévolo II, que está en el poder y a quien poco le importan ni los apagones, ni la suerte de los ciudadanos. Paz y la voluntad de Dios para Cuba, Libertad, Democracia y Esperanza. Qué rico pensar en que las banquetas del Malecón se renueven, las construcciones frente al mar se restauren, los baches en las calles se eliminen, que aparezcan espectaculares en La Habana profunda y que mujeres con sombreros caminen por El Prado, los hombres con sus guayaberas blancas. Que el Havana Yacht Club reaparezca como magia, para volver a patinar en su terraza frente al mar, y tirarme al mar desde su muelle. Que la propiedad privada sea un derecho inalienable, que los negocios y comercios florezcan, las fincas otra vez con arroz y ganado. Los caballos galopando en los prados de Oriente. Las iglesias llenas de fieles hermosos. Que todo sea como antes del ’59.
Ay, ay, mi Cuba divina, Cuba de mis padres, abuelos y bisabuelos, de los Mambises, de la gente de bien, de los trabajadores y orfebres, artesanos y granjeros. De todos. Bueno, ya, Nina. Basta de sentimentalismos. Rebobinar. Ah, sí. Antes de Navidad yo estaba en La Habana, era muy feliz con mi equipo ya mencionado en el blog anterior, Laura, Polito y Juan Carlos. Época del Festival Internacional de Cine Latinoamericano. Teatro completo y vimos Baracoa, película cubano-italiana del 2025, centrado en un viaje hacia el corazón de la isla, Baracoa, después de la muerte de un revolucionario, temas de revolución, reconciliación, homosexualidad y bisexualidad, sobre todo amistad entre hetero y gay. Me encantaron las vistas de La Habana, y el viaje al campo. Delicia de película, teatro lleno y un costo de 5 centavos de dólar en el cine 23 y 12. Al final los actores subieron al escenario, público fascinado. Yo nunca había visto algo así. Cuba mágica.
Otra mañana masaje en el Spa del Meliá Cohíba, con Carlos, el mejor jamás, ni en París. Luego con Laura a ver a William Acosta y Roger Toledo, jóvenes artistas que no conocía. Están felices en Cuba, en departamentos propios sin pagar renta y con los niños en colegios privados. Buena obra los dos, aunque muy diferente. La de William es romántica, tradicional, de sueños, rosas, mujeres divinas en camisón, surrealista también, y la pintura de Laura Arañó, musa de muchos. La de Roger montañas y paisajes divinos y piezas más chicas, geométricas. También surrealista, eso lo tienen en común. Uno de ellos casado con la pelirroja, que es dueña de un salón de belleza. Ambos van seguido a Mérida, Yucatán. Ahí Roger tuvo conversaciones con Osvaldo Sánchez, acerca de porqué vive en Cuba. Llamado de la tierra.
Después a ver a Lázaro Saavedra, hacía tiempo que no visitaba a este monstruo del arte conceptual cubano, irónico, humorístico, serio, crítico de arte, crítico social, polémico y fantástico. Sobre todo, sus famosas piezas de Cristo entre Comunismo y Capitalismo, la bandera de Estados Unidos y la hoz y el martillo, el retrato de Karl Marx contemplando la historia futura, La Virgen de la Caridad que se tiró a la barca (para salvarse), OMG, ¡Pinga! Y las sarcásticas lápidas con mensajes que estarían muy bien en las galleticas de la suerte: “It didn’t die, it became a rumor”. Gocé mucho la visita al interminable Lázaro. Contó del Chikungunya, muy afecto él, su esposa y su hijo. De pronto se fue la luz.












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